viernes, 24 de noviembre de 2017

La imaginación domesticada




10 años despues
La imaginación domesticada.
Colectivo Todoazen.



“Las palabras tienen dueño”, dijo el gato y tenía razón. Véase sino lo sucedido con la palabra compromiso, durante años adosada a la tradición de la izquierda intelectual y que con los cambios en la correlación de fuerzas acabarían por ser abandonada cuando no estigmatizada. Palabra que hace poco vimos reaparecer en el titular de una noticia económica: El nuevo presidente de Seat, el británico James Muir, aupado al cargo por Volkswagen en septiembre pasado, declara: "Necesitamos a trabajadores comprometidos al máximo". Nace así una nueva situación narrativa para la palabra compromiso. Y si con este ejemplo descendemos de la categoría (lo laboral) a la anécdota (la declaración) es para explicitar que este proceso de “descendimiento” fue el recurso retórico que elegimos para llevar a cabo la escritura de El año que tampoco hicimos la Revolución.
El Colectivo Todoazen es un grupo plural y multidisciplinar que centra su labor en las investigaciones narrativas, con voluntad de encuadrarse en la tradición emancipadora del pensamiento marxista. A modo de referencias instrumentales nuestros trabajos se apoyan en dos núcleos puntos de reflexión iniciales: el concepto de Narración Global desarrollado por C. Bértolo en su artículo La novela del siglo XX (Edit Escuela de Letras, 1992), posteriormente desarrollado en La cena de los notables (Periférica, 2000) y las reflexiones de Marsha Witten sobre Narrativa y cultura de la obediencia en el lugar de trabajo (Narrative and Social Control: Critical perspectivas. Dennis K. Mumby. Sage Publications,1993).

Si con ocasión de aquella publicación en 2005 manifestábamos el misterio político que a nuestro entender la novela ponía sobre la mesa: ¿cómo puede ser que en un año en que los beneficios empresariales se acercaron al 25% y los salarios apenas crecieron un 3% no haya explotado la revolución social?, ahora, diez años más tarde,con la llamada Gran Crisis Financiera del 2008 por el medio, en cuya órbita de precariedad y desempleo continuamos atrapados y donde persisten la desigualdad, la corrupción, y el desmantelamiento de lo público, puede ser el momento de analizar los cambios en la Narrativa Global que desde entonces se han venido produciendo.
Antes, quisiéramos señalar algunas claves allí latentes que hoy la crisis ha puesto al descubierto. Por un lado, lo que en la novela se apuntaba podía y debía hacer ver que el capital estaba alcanzando sus propios límites, - “el capital como su propio enemigo” en palabras de Marx –, que la acumulación era de tal orden que hacía presumir que tanto capital difícilmente iba a seguir encontrando oportunidades de inversión con niveles satisfactorios de rentabilidad y que, al socaire de la oleada de beneficios, resultaría milagroso que la producción no deviniese en sobreproducción. Otra clave que El año que tampoco hicimos la revolución evidenciaba era la alta y muy frecuente “tasa de corrupción” que acompañaba aquella inflación de beneficios, lo que, traducido a lenguaje económico, no podía sino delatar que el capital mientras refrenaba, cuando no disminuía, los costes del input trabajo, destinaba parte de sus plusvalías a incrementar unos costes de corrupción que adquirían así condición de elemento integrante del capital variable. Dos aspectos que nos parece conveniente recordar para explicitar la mirada narrativa que venimos utilizando trata de encontrar en lo económico la geología y sísmica del territorio y del paisaje.
La Narración Global como el conjunto de narraciones lingüísticas en cuyo flujo discurre la vida social, y las narrativas como instrumento de control en el interior de las organizaciones, son las dos ideas motrices sobre las que hemos venido desarrollando hasta el momento nuestro trabajo con unos objetivos concretos: determinar cómo y hasta que punto las narrativas presentes en cada momento histórico concreto determinan la percepción que los sujetos individuales y colectivos tienen de si mismos, y analizar las actitudes que de tales percepciones se desprenden, sin que en ningún caso entendamos que sean estas narrativas los únicos elementos que participan en ambas percepciones. Indudablemente otros elementos simbólicos o materiales intervienen con tanto o más peso, sobre todo en el caso de los segundos: salario, situación familiar, posición laboral.
El concepto de Narrativa Global1 hace referencia a todo un conjunto de narrativas, ya escritas, ya orales, ya audiovisuales, que se agrupan formando distintos subgéneros: narrativa literaria, narrativa familiar, narrativa laboral, narrativa empresarial, narrativa audiovisual, narrativa de la política, que interactúan entre si, aunque con muy variable ponderación ,dando lugar en cada momento concreto, -seguimos aquí las aportaciones de Raymond Williams-, a una narrativa hegemónica, una narrativa residual y una narrativa emergente. Habría por tanto que tratar de ver que están diciendo en estos momentos cada uno de estas narrativas.
De la narrativa hegemónica, aquella que por así decir marca la pauta y el tono de la “conversación social”, podemos señalar las siguientes características:
- El destino como planteamiento a resolver a escala individual, (pulsión sobre la que la narrativa literaria burguesa viene insistiendo hasta el punto de que parece inherente a ella)
- Sustitución del conflicto por el misterio, (si el conflicto viene provocado por la existencia de una silla con dos personajes que tratan de sentarse en ella afirmando así su propiedad, ahora el misterio se nos presenta como mera consecuencia de la existencia: ¿Qué hace aquí esta silla?)
- Sustitución del contexto por la vida interior, (¿deseo o no deseo sentarme en esa silla?)

- Sustitución de la causalidad por la contiguedad, (hay silla, luego es absurdo preguntarse o preguntar por qué sólo hay una silla).
- Disolución del tiempo como eje vertebrador de la narrativa y su sustitución por el tempo interno de que se dote la propia narración, (llega con que durante el transcurso de la escena ninguno de los participantes desea sentarse.)
- Sustitución del concepto de progreso por el de avance tecnológico, (ya se inventará una silla con dos asientos)
- Entendimiento de la razón como facultad de poca utilidad a la hora de trazar el destino personal, (la relación con la silla es emocional y por tanto emocional debe ser las relaciones que se establezcan con el otro)
- Sustitución de “el mal” (una enfermedad, una silla mal hecha) por El Mal con mayúsculas, algo inasible, profundo y, como el sexo, revelador de Verdad, también con mayúsculas,( nada que ver con la silla que falta, sino con el hecho de que la seda del tapizado de la silla esté manchada por la sangre de un niño inocente)
-Hipertrofia del yo: me pienso luego existo. Soy el que soy. Hay un yo verdadero dentro del yo atrapado por el vivir cotidiano. La vida cotidiana, ganarse el pan, es una mera contingencia, (pero me tocará la lotería y compraré mil sillas, habrá un adulterio donde se me reconozca y me olvidaré de la silla, mi jefe descubrirá mi talento y me nombrará directivo con sillón). El verdadero destino es conocer ese yo auténtico.
- Sustitución del hacer por el hacerse: metaexistencia. (El sentido de la silla es ser contada)
Recordemos, antes de pasar a hablar de las otras dos narraciones, que en cada momento histórico (en cada situación de la lucha de clases que la correlación de fuerzas entre capital y trabajo perfila), cada narración ocupará un espacio mayor o menor dentro del espacio narrativo total. La narración hegemónica señalada y que llamaremos conservadora (en tanto que conserva la raíz del individualismo burgués), se sitúa en el centro y ocuparía en la circunstancia actual la inmensa mayoría del espacio narrativo existente. Por otra parte, esta “topografía narrativa”, como ya subrayaba Williams, responde a un esquema dinámico, con tensiones en el interior de cada una de ellas y cabe al respecto observar que, ocupando también ese espacio de lo hegemónico puede detectarse la presencia de otra narrativa, hegemónica en tanto que ocupa ese espacio de lo hegemónico pero subalterna o complementaria de la ya caracterizada. Esa variante, que nos parece adecuado definir como variante socialdemócrata, sólo se diferenciaría de la anterior no por sustituir el hacerse por el hacer sino por proponer la convivencia equilibrada de ambas formas de estar en el mundo. (Se trata por tanto de reglamentar en lo posible el uso de la silla y de hacer lo posible para que se sumen a la escena sujetos históricos a los que hasta el momento se les había negado presencia: ecologistas, mujeres, inmigrantes, nacionalistas oprimidos, laicos, etcétera). El hecho de que la variación entre esta narrativa conservadora y la narrativa socialdemócrata o posibilista sea tan escasa da lugar a que ésta resulte prácticamente estéril tanto para sus emisores como para sus receptores, por mucho que sus altavoces pregonen sus logros (el tan cacareado matrimonio entre homosexuales por ejemplo). Por otro lado, y teniendo en cuenta las circunstancias socioeconómicas presentes, es fácil concluir que esta narrativa socialdemócrata está a punto de ir a parar, si no ha ido ya, al espacio propio de las narrativas residuales que más tarde caracterízaremos.
Desde una óptica historicista podemos contemplar algunos rasgos de esta narrativa hegemónica actual pues, si bien entendemos que remonta su aparición – por poner una fecha no exacta sino significativa- al momento histórico en el que el individualismo burgués se impone frente a la antigua narración feudal (de la que sin embargo va a conservar ciertos rasgos aristocratizantes), en países como España, en los que la ruptura liberal tiene lugar a modo de un prolongado e incompleto desgarro, su asentamiento ha sido un logro difícil, lleno de avances y retrocesos, que nos permite aplicar la expresión de “ hegemonía inestable” a un pasado que abarcaría al menos el siglo XIX para prolongarse hasta el último tercio del XX, es decir, hasta los tiempos finales del franquismo.. Un franquismo al que, para el caso y considerado narrativamente, podríamos particularizar como aquel espacio temporal en el que se impuso, desde la violencia, una narración de marchamo organicista, católico y patriarcal en la que el maltrato y el paternalismo autoritario cabalgaban en una misma secuencia. Una narrativa ésta que, desde mitad de siglo asistiría, con represión y tensión en uno y otro caso, tanto a la emergencia amenazadora de una narrativa democrático-revolucionaria como a la lenta y tímida aparición de una narrativa democrático-liberal, europea en definitiva, que iría desplazando, vehiculada por el propio desarrollo económico de los años sesenta, a la narración franquista hacia zonas marginales a pesar de sus resistencias.
Delimitar lo emergente, aquello que desde lo nuevo (y no desde la mera novedad) se enfrenta a las bases de la narración hegemónica nos resulta hoy imposible. Por sus propias características (lo nuevo tarda en ser reconocido) resulta siempre de muy difícil detección. La emergencia puede pasar inadvertida al menos durante un tiempo y no sabemos si estamos en uno de esos períodos de invisibilidad o, y nos inclinamos más hacia esta hipótesis, simplemente no existe. Estaríamos así ante un espacio narrativo mutilado, en una sociedad sin narrativa emergente. Si como hicimos anteriormente, ampliamos temporalmente el trayecto, parece conveniente hacer referencia a aquellas transformaciones narrativas en el marco de la transición democrática que las citas del profesor Bustelo, recogidas en el texto de Martín Cabrera, tratan de poner de manifiesto. Sin embargo, a nuestro entender, lo que la secuencia de Bustelo evidencia es, más que una transformación, un proceso de traslación en el interior de aquellas dos narrativas que fueron emergiendo durante el franquismo en contraoposición a la fascista-patriarcal narración de origen. Señala primero Bustelo los rasgos con que emerge, en los años cincuenta, la narrativa democrática-revolucionaria: lucha de clases, socialización de los medios de producción, plusvalía, es decir: conflicto capital/trabajo, para a continuación, y tras apuntar a lo que Marsha Witten llamaría “narrativas de lo imposibilidad” – somos egoístas y no eso no se puede cambiar-, recalar en el regazo de una narrativa en la que ya no hay lugar para cuestionar las bases del capitalismo.
En realidad, de lo que Bustelo da cuenta es de la absorción por parte de la narrativa liberal-democrática de un caudal narrativo socialdemócrata que le aporta, eso sí, el ímpetu necesario para que su histórica “inestabilidad” desaparezca: “Cuando dejemos el gobierno a este país no lo a conocer ni su madre”, Alfonso Guerra dixit y con razón: neutralización de los sindicatos, erosión de las fuerzas revolucionarias, privatizaciones, desmantelamiento industrial.
Lo que la postmodernidad socialista trae no es ninguna narrativa nueva sino el afianzamiento como hegemonía de aquella narrativa democrático-liberal. Esto no es nuevo pero si resulta novedoso para una sociedad que como la española parecía incapaz de estabilizar narrativa alguna al menos desde las Cortes de Cádiz. Y sin duda este hecho es el origen de lo que llamaríamos “síndrome del nuevo rico” que da un tono peculiar -euforia, autosatisfacción, desmemoria- a la narrativa hegemónica española actual.
La narrativa residual se caracteriza, a la contra de la hegemónica, por la permanencia en su interior del conflicto como elemento vertebrador de su poética, de su entendimiento y percepción de la realidad. Conflicto entre capital y trabajo, conflicto entre emancipación e imperialismo, conflictos de raza, de género, de nacionalismo. Y esa presencia del conflicto que la narrativa dominante expulsa explicaría que su geometría apenas viene a ocupar un estrecho diez por ciento del espacio narrativo total aunque de manera puntual o episódica logre hacerse oír. Un espacio narrativo que históricamente tuvo su período de emergencia y consolidación en paralelo al desarrollo de los socialismos europeos del siglo XX, y que en sus momentos de auge disputó la ocupación del territorio central a la narrativa hegemónica liberal pero que a consecuencia de la dinámica social (la correlación de fuerzas) se va a ver relegada hacia el entorno (en el sentido que otorga Luhman al término, es decir, hacia el exterior del sistema).
A la contra de la narrativas hegemónica conservadora, la narrativa residual enfoca el destino personal como una dialéctica entre el individuo y la sociedad, - “El destino es el encuentro del individuo con su clase” en palabras de Luciano Lamberti-, mantiene que la razón, a pesar de sus límites, continúa siendo herramienta imprescindible para entender el argumento de las tramas sociales, y sustenta la idea de que hombre, en tanto protagonista, es sustancialmente un homo faber constreñido en sus potencias por un sistema económico en el que el hacer es factor necesario pero subalterno del capital.
Tratando de perfilar el estado narrativo de nuestras sociedades, con especial atención a la española, nos hemos venido moviendo hasta ahora, en los niveles correspondientes a la Narrativa Global. De nuestro “comentario de texto” se desprende que estamos en un momento histórico en el que la hegemonía de la narración conservadora parece tan aplastante que puede dar lugar a una lectura que interprete tal dominio como prueba de su inmutabilidad, y acaso el conseguimiento de esa lectura cabe entenderse como su principal fin, su función, su mensaje.
Dada la relevancia de la Narrativa Global para intervenir en el sistema global de narraciones es indudable que esta configuración que hemos propuesta va a dejar su marca sobre todas y cada una de las narrativas que la conforman. Entre ellas, la narrativa propiamente literaria, hacia cuya atención a continuación “descenderemos” siguiendo el camino señalado por la propuesta de Martín Cabrera.
Si con un mecanismo no rígido de transparencias, proyectamos los perfiles adjudicados a la Narración Global sobre la narrativa literaria, - con las cautelas necesarias para no olvidar que en tal proceso las opacidades sin duda existentes pueden dar lugar a algunas distorsiones-, no resulta arriesgado afirmar que el juego de espacios y curvas de nivel entre ambas narrativas ofrece claras semejanzas, lo que nada tiene de extraño puesto que la narración global que la polis hace de si misma inevitablemente va a intervenir con peso en la conformación de aquellas narraciones literarias que surgen en su seno. Todas y cada una de las características que hemos detallado al hablar de la narración política (en la polis) hegemónica se recogen, en mayor o menor grado, en la narración literaria hegemónica: el misterio como motor de la acción narrativa, sobreabundancia de tramas de investigación, ficción del yo, metaliteratura, disolución de las aduanas entre el sentimiento y la emoción sentimental, sentimentalización de la política, memorialismo de autoafirmación. Para nosotros éste es el perfil dominante de la actual narrativa española y la única discordancia que observamos entre ambas narrativas, la Global y la literaria, viene dada por la presencia de una variante que en principio cabría calificar como más propia del espacio de lo residual que de lo hegemónico. Nos referimos al cultivo, exitoso desde el punto de vista de la recepción crítica y comercial, de una “narrativa de la imposibilidad” en la que se aborda el conflicto, inclusive el conflicto entre el capital y el trabajo, pero justamente en el sentido con que Witten nombra su pertenencia: como profecía del fracaso, como la imposibilidad de cualquier intento por honesto y justo que sea de alterar radicalmente los límites que la narración dominante establece. Una profecía que a veces se refleja desde el pasado – y la complaciente transformación de la guerra civil y revolucionaria del 36 en mera guerra cainita que la narrativa española más reciente nos viene ofreciendo es claro testimonio de ello-, pero que la mayoría de las veces se cumple atendiendo a un presente en el que el reclamo de todo futuro ha desaparecido (llama la atención al respecto la muy escasa presencia de los hijos en los argumentos).
El estrecho y escaso cuando no nulo espacio que constatábamos para lo emergente y residual, explica la extrema dificultad de que surjan propuestas narrativas literarias procedentes de uno de esos ámbitos. Pero a causa de ese voluminoso obstáculo creemos columbrar que se está produciendo un extraño fenómeno de difícil categorización, pues si ya Williams al plantear su esquema indicaba la posibilidad de que se pudiese saltar de los residual a lo emergente y viceversa sin pasar por el espacio de lo hegemónico, lo que observamos es un proceso de recomposición del esquema en el que obras como Lo real o El padre de Blancanieves de Belén Gopegui; El vano ayer de Isaac Rosa, Panfleto para seguir viviendo de Fernando Díaz, Cartas clandestinas de un cartero enamorado de Pablo Caballero o Unas vacaciones baratas en la miseria de los demás de Julián Rodríguez, estarían indicando que sin perder de vista las tierras donde sobrevive lo políticamente residual y sin pretensión manifiesta de ocupar territorio hegemónico, hay en marcha una corriente narrativa que desde posiciones rigurosamente literarias actúa con vocación de intervenir en la construcción de la narrativa global, la política en definitiva, saltándose de esta suerte las aduanas y servidumbres de una literatura que permanece secuestrada por lo hegemónico. Atender a la evolución de este proceso que a nuestro entender apunta, constituye sin duda una de las pocas áreas de interés que la literatura actual en España despierta.
El estudio de las narrativas y de su circulación en el cuerpo social se nos presenta como una útil herramienta de aproximación dada su competencia para poner al descubierto la geología social, sus líneas de fuerza, sus fallas, su densidad. La narrativa como estructura sintáctica, al situar las palabras en un contexto concreto, opera sobre la semántica, modela la realidad compartida y actúa sobre el intercambio social a través del cual el individuo y el sujeto colectivo van a nombrar, reconocer, elaborar e imaginar la realidad. Dominar la imaginación resulta decisivo porque dominando el imaginar se controla el presente y, sobre todo, el futuro. Si la descripción de las narrativas hegemónicas que hemos propuesto no está errada, conclusión poco grata sería que la sociedad española está atravesada hoy por un imaginar dominado, domesticado, y en consecuencia, la suspensión de la mirada crítica no debería sorprendernos.Tampoco dejarnos ciegos.





1Bértolo. La novela del siglo XX . Edit Escuela de Letras. Madrid 1992

jueves, 16 de noviembre de 2017

Kamenev se enfrenta a Lenin

Kamenev versus Lenin

- ¿Y si resulta equivocada la decisión?

- El verdadero fracaso es el miedo a equivocarse. Es el momento de ser lo que somos: revolucionarios.



martes, 14 de noviembre de 2017

SOLO LA REVOLUCIÓN ES REVOLUCIONARIA

 El grupo teatral KONKRET representó, el pasado 7 de noviembre, en el Palacio de la Virreina de Barcelona y en el marco de la Intervención 1917. El año que sí hicimos la revolución,  la obra Solo la revolución es revolucionaria elaborada por el Colectivo Todoazen a partir de las actas del las reuniones del Comité Central del partido bolchevique previas a la Revolución de 1917.  En la obra se recogen las fuertes discusiones y discrepancias que tuvieron lugar dentro del partido bolchevique antes de la decisión de tomar el poder mediante la insurrección armada y el apoyo mayoritario de los soviets de obreros, soldados y campesinos. En este video se recogen los primeros minutos de la representación que pronto podrá verse también en otras ciudades.







miércoles, 1 de noviembre de 2017

El capitalismo que viene


El capitalismo que viene
 
                                                      C. B.


Todo lo que es –en tanto que todavía no es- será transformado. Marco Aurelio.

Quizá convenga recordar ante todo que fuimos, somos y seremos explotados por el capitalismo antes de la crisis, durante la crisis y después de la crisis. Y que por supuesto también lo estamos siendo ahora que el capitalismo, no nosotros, está saliendo de la crisis. Para que el capitalismo saliera de ella lo necesario era no solo que el PIB se incrementase de manera constante sino que la tasa de ganancia media del capital volviera a crecer. Y lo está haciendo. A base de reajustar los costes de producción- un 20% de media desde 2008- y de refrenar la sobreproducción y la velocidad del dinero circulante. Se trataba en definitiva de reequilibrar la brecha entre las tasas de beneficio del capital productivo y del capital financiero, entre las expectativas de ganancia y la realidad contable. Al fin y al cabo ese fue el punto donde se hizo visible el crack del 2008: la crisis de las subprime como fracaso de las expectativas que el crédito venía bendiciendo. Y de ahí que la función de la crisis haya consistido en igualar o al menos acercar ambas tasas de ganancia. En esas estamos: reducción del peso de los salarios en relación al PIB, recortes radicales en el salario social sobre el que descansaban “las conquistas” de famoso Estado de bienestar que al parecer disfrutábamos antes del 2008 y reajuste del sistema financiero mediante reordenación subvencionada de los sistema de crédito.

La naturaleza que gobierna el conjunto universal. Marco Aurelio.

La tentación de las izquierdas “paramarxistas” es negar la salida de la crisis o, al menos, poner en cuestión su firmeza. Llamo paramaxistas a aquellas izquierdas que aun aceptando determinadas categorías del marxismo como lucha de clases o plusvalía, entienden el marxismo como una especie de imprecación histórico moral que abordaría el capitalismo más como un modo de conspiración de la avaricia y el egoísmo de los capitalistas que como un modo de producción determinado, en última instancia, por la propia lógica del capital y sus necesidades de subsistencia y reproducción. Un paramarxismo que parece estar descubriendo el Mediterráneo cuando nos da cuenta de que la salida de la crisis solo está siendo algo positivo para el capital y sus agentes y no para los trabajadores que han decrecer su parte de la tarta . Como si para el capitalismo otra salida fuera posible. El paramarxismo del “en primera instancia”.

Y otras cosas hará de su substancia, y a su vez otras de la substancia de aquellas. Marco Aurelio.

Desde ópticas marxistas, aquellas en las que las relaciones entre las primeras y últimas instancias están dialécticamente entrelazadas, tanto o más relevante que denunciar el incremento de los niveles de injusticia social que esta salida neoliberal supone para el mundo del trabajo es analizar las transformaciones que la crisis, en cuanto mecanismo de crecimiento y ajuste, ha producido en el interior de ese capitalismo. Juan Francisco Martín Seco por ejemplo señala (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=231049 ) que, al margen de su valoración social y ética, la deflación interna y competitiva a través de la cual el capitalismo ha dado salida a la crisis “afectará exclusivamente a los salarios y a aquellos empresarios, principalmente los pequeños y que carezcan de defensa, mientras que las grandes empresas que actúan en sectores donde la competencia no existe, no solo no asumirán coste alguno sino que incluso verán incrementar sus beneficios”. Alberto Recio pone de manifiesto (http://vientosur.info/spip.php?article12959 ) que la crisis “en gran parte resultado por el modelo de globalización neoliberal, curiosamente ha provocado un reforzamiento (con variantes) de la misma” y “cambios estructurales (como la reforma laboral, la liquidación de un sistema financiero para-público, los ajustes en servicios públicos básicos, la reforma inconclusa del sistema de pensiones…) que conducen a un modelo social de elevadas desigualdades”, mientras que Eddy Sánchez nos hace ver (http://vientosur.info/spip.php?article12964 ) que la crisis ha supuesto “la irrupción de un nuevo asalariado urbano que seguro va a transformar política y culturalmente la España actual. Una nueva clase trabajadora que crece y se consolida y que va a ser un actor fundamental no solo de las relaciones laborales, sino de la estructura social del país”.

A fin de que el mundo rejuvenezca. Marco Aurelio.

Desde mi punto de visto estas mudanzas en el interior del capitalismo responden a la nueva relevancia que está adquiriendo el parámetro “valor añadido” en el nuevo panorama económico tanto a nivel global como local. El paso de un análisis económico centrado en el PIB a un entendimiento de la actividad económica en función del peso de ese factor VA que, sin ser algo nuevo, sí ha incrementado su interés a la hora determinar las claves del comercio internacional y su intervención en el proceso de reconfiguración y reestructuración de la división internacional del trabajo que se ha puesto me marcha: economías de alto, medio y bajo Valor Añadido. Valor añadido o agregado como aquel valor económico adicional que adquieren los bienes y servicios al ser transformados durante los procesos de producción. Y en esa reestructuración, mal que nos pese y por más que la socialdemocracia o la izquierda paramarxista nos desee o prometa otro destino, nuestra economía está condenada a moverse en rangos de valor añadido medio y bajo: mayormente una economía de hostelería, turismo y bajos costes de elaboración y con tecnologías de producción controladas por las franquicias multinacionales de la automoción y la comunicación. Una economía dependiente de las economías europeas que, como Alemania o Francia , aun contando con estructuras de más alta productividad, no dejan de ser a su vez economías competitivas pero satélites de aquella economía USA que cuenta, entre otras tecnologías de alto valor añadido, con la herramienta económica básica: el control del dólar en cuanto moneda patrón, al menos de momento, de valorización e intercambio. Ese es el capitalismo que viene, el capitalismo del siglo XXI y es desde el interior de ese capitalismo que las comunistas y los comunistas debemos construir la alternativa revolucionaria, nuestro qué hacer.


*


El capitalismo es la primera forma económica con capacidad de desarrollo Mundial. Rosa Luxemburgo.


Hablábamos del factor Valor Añadido, VA, como elemento clave en el proceso de reestructuración de la división internacional del trabajo que está en el origen de una convivencia asimétrica de economías de alto, medio y bajo VA , y de como en ese proceso nuestra economía está condenada a moverse en rangos de valor añadido medio y bajo. Como señala Alberto Garzón en su artículo Propuestas para un nuevo país (MO Septiembre 2017), de imprescindible lectura y que en sí mismo valdría como punto de partida para cualquier manifiesto programa de nuestro partido: “España ha quedado en una estructura basada en sectores de bajo valor añadido y con escasa intensidad tecnológica. Sectores como el turismo altamente estacional y con salarios un 40% inferiores a los industriales”. También a este factor VA habría que achacar el incremento acelerado en nuestra geografía económica de las desigualdades y desequilibrios internos con la presencia de algunos territorios como Euskadi, Catalunya, Valencia o Madrid con altas tasas de productividad y destacado valor añadido. Una diferenciación económica que explicaría en parte las tentaciones insolidarias entre comunidades o regiones con tan distinto tejido social. Ese capitalismo insolidario no es nada nuevo ni en nuestra historia ni en el panorama nacional e internacional, pero sí puede considerarse como novedoso el incremento acelerado en la formación de las subjetividades personales o colectivas de un “sálvese quién pueda” que no deja de provocar turbulencias en la institución Estado que, precisamente por ser el consejo de administración de la clase dominante, está obligado, para su supervivencia a regular y apaciguar las tensiones competitivas que en su interior puedan estarse produciendo.

Es una contradicción histórica viva en sí misma. R. L.

Como cualquier organización social que se integre en el funcionamiento de un Estado concreto, dentro a su vez de un determinado contexto internacional, nuestro partido, el partido comunista, el partido de nosotros las comunistas y los comunistas, funciona sometido a un dilema que trata de resolver en cada momento negociando en el interior del propio dilema, es decir, sin resolverlo, lo que le pone en situación de convertirse en un organismo bipolar, esquizofrénico o, al menos, estereofónico. Ese dilema viene determinado por la dualidad de sus objetivos: por un lado su objetivo final: la toma del poder y la destrucción de la burguesía; por otro su objetivo inmediato: defensa y mejora de sus condiciones de vida del proletariado. Dicho más claramente: obligado a presentarse a la vez como un partido reformista que trata de arreglar desequilibrios y como un partido revolucionario encaminado a la creación de aquellas condiciones que permitan en un momento determinado derrocar a la burguesía de sus dominio económico, social, cultural y- no lo olvidemos- militar.

Una manta no puede desviar las balas. R. L.

Este dilema atraviesa al partido de manera inevitable aunque de modo y en grados muy variables según resulte el peso que en cada momento concreto, en cada “situación actual”, se conceda a cada uno de estos espacios que el dilema ofrece. Alguien sin duda podrá encontrar en nuestro corpus teórico que tal dilema no es tal, que justamente la filosofía de la praxis que la base marxista del partido supone, permite ajustar e integrar dialécticamente en una sola estrategia ambos movimientos. Y no vamos a decir que no es así sino simplemente señalar que esa necesidad de integración es la mejor prueba de que esa tensión existe y se produce de manera permanente, obligando al partido a dividir sus metas en un “aquí y ahora” y en el “destino final”. Sin duda ambos momentos deben y pueden actuar de manera complementaria pero el grado de presencia de una y otra meta teñirá en algunos momentos al partido de un perfil reformista mientras que en otros se intensificará la intención revolucionaria.


La revolución es el único factor que diferencia a la democracia social del radicalismo burgués. R. L.

La crisis de 2008 creo que viene siendo uno de esos momentos en que la dualidad de objetivos se manifiesta de manera bastante evidente. Como la mayoría de los estudios más fiables vienen indicando, la salida de la crisis se está produciendo aplicando reducción de los gastos de producción con el consiguiente recorte de salarios, rebaja de costes de los recursos naturales e incremento de productividad vía valor añadido de los capitales con mayor y más eficiente tecnología. En un escenario así y en un contexto de debilidad, al menos relativa, del proletariado ¿qué hacer?¿dedicarse a proponer reformas y leyes para que esa salida sea lo menos dañina posible para las condiciones de vida del proletariado ? ¿trabajar dentro y fuera de las instituciones para que esa salida se frustre, ahonde y haga aflorar la incompatibilidad entre los intereses del capital y los interese del mundo del trabajo?

Empezar a tocar con los diez dedos las teclas de la Historia del Mundo. R. L.

En la mecánica retórica tradicional, como partido revolucionario, se concede prioridad al objetivo final, el derrocamiento del sistema capitalista buscando concentrar sus fuerzas en el logro de aquellas condiciones objetivas y subjetivas que coloquen al proletariado en “estado de revolución”: el partido como instrumento de lucha y combate, como instrumento de agitación y propaganda, como mecanismo para la ampliación e intensificación del conflicto entre capital y trabajo, como herramienta para bloqueo de los atenuantes de las crisis. Mientras que como partido reformista participa en la lucha con su presencia en las instituciones que el sistema permite: parlamento, sindicatos, comunidades autónomas, municipios, asociaciones de carácter publico o privado, movimiento sociales, es decir, en las instancias propias de la sociedad civil constitucional.

Si alguna vez ha habido necesidad de una rebelión de esclavos, es ahora. R. L.

Es así que algunas veces da la impresión, y esa impresión actúa sobre la creación del imaginario que la sociedad en general y el proletariado en particular se hace respecto a nuestro partido, de que estamos dedicando todas nuestras fuerzas a “mejorar el capitalismo”, a “que funcione mejor”, a “evitar o corregir los errores del capital , denunciando no el capitalismo sino lo que el capitalismo está haciendo mal. Es decir, a veces damos la impresión de estar diciendo que nosotros seríamos capaces de gestionar mejor este capitalismo o que, en aras de mejorar la condición del proletariado, incluso lo sacaríamos con mayor eficiencia de la crisis en que está metido. Y no, no se trata de que se nos vote para que gestionemos mejor el capitalismo. Y no, no se trata de que nosotros vayamos a garantizar a los jóvenes que, bajo un imposible capitalismo “a nuestras órdenes”, van a tener buenas pensiones el día de mañana, vivienda propia en propiedad o masters subvencionados en administración de empresas y recursos humanos para ellos, sus hijos y sus nietos. Lo que sí hay que conseguir es que esos jóvenes y el conjunto de los trabajadores y trabajadores, tengan no solo la impresión sino la evidencia de que los y las comunistas estamos aquí para que con su ayuda y apoyo podamos acabar con el capitalismo lo antes posible, sea como sea y nos cueste lo que nos cueste.

Publicado en Mundo Obrero, Octubre 2017



lunes, 25 de septiembre de 2017

Autodeterminación I y II: España como conflicto


AUTODETERMINACIÓN (I)

Constantino Bértolo


La obligación de decidir.

Fes que siguin segurs els ponts del diàleg/ i mira de comprendre i estimar/ les raons i les parles diverses dels teus fills. La pell de brau. Salvador Espriu.

Cuando se habla de la extinta Unión Soviética todo el mundo parece estar de acuerdo en que uno de sus males fue la burocratización, esa especie de virus que hasta el mismo Lenin detectó en los primeros años de la revolución y que acabaría por carcomer el necesario dinamismo de las masas a la hora de construir la nueva sociedad que la revolución había puesto en marcha. La lectura predominante del concepto de burocratismo vuelca su acento sobre su entendimiento como acaparamiento por parte de una minoría dirigente de la gestión y control de las decisiones políticas y administrativas que emanan del poder del Estado. Pero también puede enunciarse como aquel conjunto de actitudes que tienden a que las decisiones no lleguen a traspasar su mero carácter enunciativo, es decir, la propensión a que la ideología revolucionaria se quede en mera declaración sin que nunca llegue a intervenir realmente en la transformación de la realidad política, social o económica.

Diversos són els homes i diverses les parles, i han convingut molts noms a un sol amor. S. Espriu

Estamos asistiendo, y en los próximas semanas y meses esta presencia se verá casi con toda seguridad exponencialmente incrementada, a toda una serie de enfrentamientos concatenados entre el Gobierno Central y la Generalitat de Cataluña a propósito de la decisión de esta última institución de poner en marcha de manera unilateral el proceso de separación de la nación Catalunya de la nación España. De momento los enfrentamientos parecen estar centrados en el espacio de lo político
- entendido como área de lo institucional- y de lo jurídico en cuanto territorio de la Ley y sus interpretaciones. Y aunque respecto al impacto o preocupación en el conjunto de la ciudadanía, puede hablarse de movimientos de oleaje con momentos de marea alta, baja o de discreta intensidad, no deja de ser curioso y hasta sorprendente que “la cosa” se entienda más como un problema para el gobierno de mariano Rajoy que como un problema de Estado en el está en juego la propia configuración y naturaleza de lo que unos optan por denominar Estado español y otros simplemente España.



Escolta, Sepharad: els homes no poden ser / si no són lliures. S. Espriu


Sin duda el término España para nombrar a la comunidad nacional bajo la que actualmente convivimos goza de poca o nula aceptación entre aquellas generaciones de españoles que hubimos de sufrir la exaltación continua y falaz de la España Una, Grande y Libre. Otro tanto nos sucede con la bandera rojigualda que a muchos nos hicieron tragar en su momento. No deja de ser también curioso al respecto que las fuerzas y ciudadanías que en el ayer y hoy defienden ideologías y actitudes independentistas que utilicen el término sin ningún reparo geográfico, político y semántico. Digo semántico porque el uso de la contraposición entre Cataluña, País Vasco y Galicia y España, parece asumir la existencia histórica de una nación España que tendría entidad propia aún en el caso de que alguna, algunas o todas esas naciones llegasen a alcanzar su independencia. Dado que históricamente nunca ha tenido lugar un concepto o una realidad España en la que no estuviesen integradas como elementos constituyentes esas otras naciones, cabe preguntarse de que entidad previa política se está buscando la separación: ¿de Castilla?o cual sería la identidad de lo que restaría dependiente: ¿los no independizados serían España? Parece una mera cuestión semántico pero la semántica lo que está señalando en este caso es que la separación o secesión en caso de producirse, originarían un problema de identidad para los componentes de una ciudadanía “no independizada” que difícilmente podrían seguir llamándose españoles. Claro está que no son los independentistas los que deben resolver ese problema de identidad pero evidentemente si parece un problema que se debería tener en consideración y al que se debería dar contestación.

Enllà de contraris/ veig identitat. S. Espriu

Bueno, y los comunistas y las comunistas sobre esto ¿qué? Sobre el papel la posición de nuestro partido es clara. Valga con citar lo que se recoge en el documento número 4, Necesidad de confrontar ruptura con reforma, apart 4.2 aprobado en Abril de 2016 durante la primera fase del XX Congreso: “Por lo tanto, la disyuntiva se plantea nuevamente entre reforma y ruptura, por eso es necesario referenciar quienes en diversos ámbitos de la vida social y política estamos en favor de un Proceso Constituyente abierto a la ciudadanía, un proceso que plantee la elaboración de una manera democrática y participativa, de un nuevo marco constitucional que empezando por dar la posibilidad de elegir entre Monarquía o República, permita consolidar derechos al trabajo, vivienda, educación, sanidad, etc., que reconozca el derecho a la autodeterminación de los pueblos del Estado, que ponga fin al sistema patriarcal, y consolide una democracia real, participativa y directa”.


Presoner dels meus morts i del meu nom,/ esdevinc mur, jo caminat per mi. S. Espriu


Sobre el papel todo claro pero en la práctica política y social, en el día a día de la convivencia ciudadana y en la realidad política, ¿esta claridad está presente? ¿en que postura, actitud, decisión y actividad política sobre la independencia y separación de Calaluña, hoy cuestión palpitante y acaso mañana mismo conflicto explosivo, se traduce esa declaración? ¿ Estamos explicando de manera suficiente a los trabajadores y trabajadoras el pensamiento de nuestro partido sobre el llamado derecho a decidir, sobre el derechos a la autodeterminación y sobre cual sería nuestra intención voto en el caso de que una votación sobre el tema llegara a realizarse? Entiendo que desde nuestra identidad como partido comunista, como PCE, más acá de las declaraciones que se produzcan en otros ámbitos políticos de participación o confluencia como IU y Unidos Podemos, nosotros, las comunistas y los comunistas, tenemos la obligación de decidir qué respuestas debemos de dar cuando se nos pregunta sobre estas cuestiones. Entiendo que si como comunistas reconocemos el derechos de autodeterminación de los pueblos de España como comunistas deberíamos votar en contra de una independencia que perjudicaría los intereses del conjunto de esa clase trabajadora por cuya emancipación trabaja y lucha nuestro partido. Una cuestión que hoy abordamos en este primer acercamiento pero que necesariamente habremos de seguir dilucidando.


AUTODETERMINACIÓN ( y II)



Todo derecho, todo código, es construcción social, relación social de fuerzas” Joaquín Miras.

Decíamos, al publicar la primera parte de estas reflexiones sobre el tema de Cataluña y su derecho a decidir su permanencia o salida del Estado español, que si como comunistas debemos reconocer el derecho de autodeterminación de los pueblos de España, también como comunistas y en defensa de los derechos de los trabajadores si el referendum tuviera lugar deberíamos defender el voto negativo a la propuesta por cuanto la independencia de Cataluña del resto del Estado español perjudicaría notablemente los intereses del conjunto de esa clase trabajadora por cuya emancipación lucha nuestro partido. Desde entonces la cuestión ha tomado cuerpo y alarma social, se hizo pública una versión de la llamada ley de transitoriedad para hacer efectiva la secesión en caso de ser aprobada por mayoría simple y el Govern ya ha fijado oficialmente la fecha del 1 de octubre para la celebración del referendum. Así pues, lo que la prensa sensacionalista (¿hay otra?) ha venido titulando como “el choque de trenes” ya tiene fecha y calendario. Vendrá el verano, llegará la celebración del 11 de setiembre y los acontecimientos cobrarán un ritmo inusitado. Expectativas e inquietudes se han abierto y la necesidad de abordar unas y otras debe ser asumida por nuestro partido.

El sol ho encén tot, però no ho consum. Joan Salvat-Papasseit.

Para empezar quizás sería bueno antes de nada desmontar esa metáfora ferrocarrilera con que se ha venido expresando y malinterpretando el problema pues representar con esta imagen de “choque de trenes” el conflicto supone aceptar una mecánica inevitable que incluye una visión catastrofista de una realidad que estaría sometida a las rígidas circunstancias de unas vías férreas e inflexibles. De buscar comparaciones, mejor hubiera sido hablar del encuentro (desencuentro, más exactamente) entre una tuneladora, made in Catalonia is not spain y una muralla con geometrías y cimientos de la Constitución de 1978. Y hablando de los cimientos y muros de esa Constitución parece oportuno recordar que esa Constitución emergió de los acuerdos que las fuerzas de la oposición antifranquistas, agrupadas en la llamada Platajunta antifranquista, consensuaron con las fuerzas reformistas del gobierno de Adolfo Suarez. Una oposición que acabaría postergando dos de los puntos que hasta el momento se habían venido reivindicando: el derecho de autodeterminación de los pueblos de España y la necesidad de un referendum para decidir la forma de Estado. Dos puntos fundamentales que, digamos, la correlación de fuerzas en aquellos momentos se llevó por delante pero que siempre han estado presentes, con mayor o menor intensidad, en la realidad política española y que, ahora, el conflicto con Cataluña ha vuelto a poner sobre el tapete. Dos zonas débiles de esa muralla constitucional que la excavadora soberanista trata de perforar. Dos agujeros negros por los que se viene desangrando el llamado régimen del 78.

els altres qui l'avencen, tots d'adreça al mercat. J. S-P.

Al referendum convocado por las fuerzas soberanistas presentes, con mayoría simple, en el Parlament catalán, se le ha venido calificando de referendum inconstitucional, unilateral, ilegítimo, ilegal y vinculante,y entre fuerzas políticas que vienen defendiendo la unidad de la nación España hay quienes hablan de golpe de Estado en marcha. Evidentemente inconstitucional lo es de manera clara: desde el momento en que la Constitución del 78 no recogió el derecho de autodeterminación de los pueblos de España, que, entre otras fuerzas, venían defendiendo tanto el PSOE como PCE, ese derecho quedaba fuera del marco constituyente. Por las misma razones no puede dejar de ser unilateral en cuanto que las fuerzas constitucionalistas se niegan a la posibilidad de crear, vía reforma, las condiciones para su constitucionalidad. Sobre la legitimidad las argumentaciones abandonan el espacio jurídico para centrarse, entre otras razones y argumentos, en cuestiones de orden histórico y económico. Por un lado la historiografía pertinente, dividida al respeto, recuerda que Catalunya nunca tuvo existencia como nación independiente mientras que, por otro, no deja de señalarse la continuidad de un conflicto ya presente durante el dominio de los Austrias, acentuado después de que la nueva monarquía de los Borbones impusiese bajo el Decreto de Nueva Planta una configuración territorial centralizada. Un enfrentamiento histórico que rebrotará en 1873 durante la I República para hacerse claramente visible con ocasión de la proclamación, unilateral, de la República catalana por parte de Francesc Macià en el año 31 y del Estado Catalán por Companys en el 34. Por otro lado y dejando, hasta donde es posible hacerlo, la historia al margen, las argumentaciones de raíz económica han venido ocupando un buen espacio en la polémica: que si el deficit, que si España nos roba. En este aspecto considero la necesidad de recordar que la riqueza diferencial de Catalunya respecto al resto de la población del Estado, ya en PIB ya en renta per cápita, no deja de ser el resultado de la extracción de plusvalías que la clase capitalista y empresarial afincada en Cataluña ha venido ejecutando sobre todo el conjunto de una clase trabajadora obligada a vender su fuerza de trabajo. Desde esa realidad los comunistas defendemos y defenderemos el trasvase de recursos económicos entre los territorios con mayor producción de plusvalías a los de menor riqueza y rechazamos y rechazaremos cualquier reclamación que pudiera consolidar identidades construidas sobre desigualdades económicas de privilegio. De ahí también nuestro rechazo a los conciertos económicos actuales existentes respecto al País Vasco y Navarra.


pren tot d'una / l'aire d'emprendre un nou destí. J. S-P.

Entendemos el referendum como legítimo en cuanto que el derecho de autodeterminación es un derecho de Catalunya como nación histórica por más que las circunstancia sociales, económicas y políticas presentes reflejen el dominio y el interés de la clase burguesa catalana. Es sobre su condición de nación “oprimida histórica y políticamente” que se levanta la legitimidad del referendum y no sobre una pretendida opresión económica. Derecho de autodeterminación como derecho de una nación oprimida a lo largo de una trayectoria histórica donde la correlación de fuerzas no le ha permitido cumplir con su voluntad de nación Estado sin que queda hablar de una supuesta ciudadanía oprimida por el resto de los ciudadanos de España. Porque puestos a hablar de opresión económica del pueblo catalán entonces, los y las comunistas, sin negar ese derecho a decidir, habremos de manifestar que estamos precisamente en contra de la secesión en cuanto que ese hecho facilitaría e incrementaría la opresión económica que las burguesías, a uno y otro lado del Ebro, aplican a la clase trabajadora como conjunto. Una clase trabajadora con escaso peso en la correlación de fuerzas dentro de la realidad actual de Cataluña lo que no deja de ser una circunstancia que caracteriza al actual proceso político catalan.

Res no és mesquí/ ni cap hora és isarda J. S-P


Obvio también que desde el momento en que la autodeterminación es anticonstitucional su ilegalidad viene dada. Pero incluso la teoría política más burguesa acepta que ilegalidad e ilegitimidad no son esferas coincidentes. Los comunistas entendemos el derecho de autodeterminación como un a aspiración legítima y por tanto consideramos que es ilegítima la actuación de aquellas fuerzas políticas que se muestran incapaces de dar soporte legal a una reivindicación, el derecho a decidir, reclamada por una parte cuantitativa y cualitativamente relevante de la sociedad catalana. Defendemos que es la sociedad española en su conjunto la que debe de asumir políticamente la necesidad de articular las medidas políticas y jurídicas necesarias para que las distintas naciones presentes en nuestro estado expresen el tipo de relación que desean mantener con entre sí en cada momento histórico, estableciendo los correspondientes mecanismos de desconexión en el caso de que tales procesos fueran necesarios. En ausencia de esto, la reclamación efectiva del derecho de autodeterminación nos resulta legítimo y las responsabilidades derivadas de su “ilegal” puesta en marcha serán responsabilidad de aquellas fuerzas que impiden convertir lo legítimo en legal.

Ara No Es Fa, Pro Jo Encara Ho Faria. J. S-P.

Nosotros, los comunistas y las comunistas, no debemos permanecer inactivos ante el conflicto que se nos viene encima. Y no deberíamos limitarnos a manifestar nuestro acuerdo sobre el derecho a decidir y nuestro desacuerdo con la propuesta de secesión que el referendum contiene. Hubiera sido más transparente que la pregunta a plantear permitiese distinguir entre una y otra opción, entre el aceptar el derecho de autodeterminación y el defender la independencia. En todo caso nuestra obligación como comunistas es dar a conocer a los ciudadanos de toda España y muy especialmente de Cataluña tanto nuestro aceptación de que el referendum tenga lugar como nuestro rechazo a la secesión que en él se planea. Es necesario actuar y acaso como primer paso nada sería mejor y más congruente que impulsar como partido comunista, a través de las organizaciones en las que estamos presentes, la convocatoria en todas las Comunidades Autónomas de manifestaciones y concentraciones reivindicando el derecho a la autodeterminación de los pueblos de España el próximo día 11 de setiembre, el mismo día en que el nacionalismo catalán celebra su fiesta nacional.

Publicado en Mundo Obrero Julio de 2017.